Sobre la posmodernidad en Latinoamérica

Considero que una cuestión que ha hecho no inútil -sino obsoleto- el discurso liberacionista es el cambio en la realidad latinoamericana; la convulsión socio-económica de hoy, a pesar que no ha cambiado de esencia, ha cambiado de naturaleza como de supuestos geopoliticos1. Creo que es imposible hablar de los supuestos socialistas en el nuevo contexto; y ese es el problema que sufre el liberacionismo, no puede  sostenerse pues critica un modo de existencia y se basa en supuestos que el tiempo ha derrumbado2.

Por otro lado, la mayoría de los supuestos fundamentales “posmodernos3” (etiqueta que se usa para abusar conceptualmente de forma onanista, ya sea a favor o en contra de cualquier discurso – y digo enserio cualquier discurso -) son en realidad emanaciones del estado tardío en la producción de ideas que, tras la caída de Praga, del fiasco del 68 a nivel mundial – no subió la imaginación al poder, sino la multicoloridad del capitalismo identitario – y de la Nomenclatura soviética en los 60s, surge un nuevo modo de producción y dominación en las naciones post-industriales: la información. Por ello el giro linguistico, el estructuralismo y el post-estructuralismo como nuevas formas de análisis que se separan de los presupuestos que en latinoamérica llamamos “teología/filosofía de la liberación”4 . Esta nueva etapa de capitalismo ya está soportada ideológicamente por el drama del consumo de información, de medios masivos y de la hiperrealidad del móvil, de Netflix y de la sobreestimulación de información que todos sufrimos.

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Breve historia de las cortinas I

Poco se habla de un objeto muy importante de nuestra realidad como son las cortinas. Existen prácticamente desde que inventamos el pudor, la decencia y la privacidad; diría que en importancia se equipara a revolucionarias invenciones como el cuchillo, el fuego o la rueda. Sin la cortina no podríamos cubrir nuestra desnudez frente a una ventana, ni ocultar nuestros actos de corrupción una vez llegamos a ser funcionarios del gobierno,ni en sueños se tendría una habitación dividida, un sustituto de puerta, grandes ventanas sin sol; no tendríamos religión civilizada (Dios se escondía tras una cortina del tabernáculo).1

Las cortinas están infravaloradas,o lo que es lo mismo; nos acostumbramos tanto a ellas que pasan desapercibidas, como el hecho mismo de vivir. Eso es lo único que justifica una disertación no lineal sobre un trozo de tela suspendido cuya función es de separar, diferenciar, cubrir2. No sé si constituye un objeto de investigación, pero si existen piezas inútiles como «La noción de existencia no perceptible y no diferenciada en Husserl» o «hacia una disertación sobre la analítica del absoluto en Schelling»3, mi absurda arqueología sobre las cortinas tiene todo el derecho, valor y provecho de existir. Como buen académico (que rima muy bien con anémico) he pensado dividir la historia de las cortinas en los siguientes estratos:

  • Lo evidente
  • El tabernáculo
  • La invención de la vergüenza
  • El estado escondido
  • La Aletheia
  • Lo invisible

Sin más, deseo decir una cosa antes que corra la cortina que me devuelve al anonimato y al silencio: lávense las manos con agua y jabón, no salgan de casa y no crean en la dictadura que vivimos.

Notas:
1Qṓḏeš HaQŏḏāšîm o Sanctosanctorúm. ¿Será posible una teología de la cortina?
2Lleva igualmente implícita las nociones de juntar, reconocer y develar.
3No soy un intelectual, y para mi suerte, carezco de las capacidades o inteligencia para sumergirme en tan obtusas y onanistas discusiones.


foto: Étienne-Jules Marey, Walking Man, chronophotography, 1884