Fragmentos de pseudo-Lucrecio: II. sobre la filosofía y la vida.

¿Es la filosofía acaso otra forma de poesía?

Tanto así que nos da sólo imágenes posibles

De una realidad incompleta, imagen en sí.

Tanto una metáfora, como la ciencia o la fe

Me siento tentado a señalar las luciérnagas

como luz, como idea, como color; todo junto

¿y qué aparece después, cuando vamos a dormir?

Dos imágenes que se tocaron un instante de Luna.

El sueño es también un poema, mas bien mudo

acaso el acontecimiento que buscamos siempre.

Fragmentos de pseudo-Lucrecio: I. sobre la vida y la filosofía.

Ahora comprendo. Escribo desde una posición que constituye todo lo que lleva mi nombre: comprendo que he de escribir sin la pretensión de un mañana, y que he de leer sin la intención acumulativa. Sin embargo esta es la única forma real de extenderse hasta los límites de mi vida. Y no es lo más importante si realmente se ha alcanzado ese límite, donde se vive en la continuidad de un movimiento , y no en la totalidad estática de una imagen. Me he de limitar a describir algo vivo con palabras muertas, que una vez escritas, o leidas, dejan de vivir. Los pensamientos ya no son imágenes en mi cabeza, son formas móviles que se reconstruyen cada momento, con irrevocable vigor y pertenencia del acontecimiento. La realidad del cuadro llamado “Realidad” se ha desdibujado a cambio de un vector (una magnitud con carga, sentido y dirección), y mi relación con lo demás es ahora de equidistancia (que no es lo mismo que decir con el todo), es la inercia del proceso llamado vida lo que constituye mi única razón para filosofar. Pero esta filosofia muere cuando la pongo en palabras, y lo que lees no es más que un cadáver ya enterrado, que señala donde alguna vez hubo vida, y su lápida incomoda con la inscripción que te incluye como ser viviente también. Ahora comprendo, porque ahora vivo. Y ahora filosofo, porque ahora estoy. Puedo dejar atrás el discurso, usarlo sin sentir culpa, sin sus cadenas de palabras atándome a la representación preconcebida de un mundo que es tan real como el magnífico amanecer en un cuadro que, sin embargo, al caer la noche no produce ninguna luz.