Sobre la presión social de usar las redes sociales, o cómo dejar de existir

¿Recuerdan de cuando no teníamos la necesidad de crear grupos de Whatsapp para recibir una clase, que para conocer a las personas no se ocupaba Facebook, o que se podía explorar un interés sin tener un hashtag (#) para ello? Suena a una pregunta retórica hecha por un boomer1, y de alguna manera es mi queja justa contra ello. Trato de estar al margen de usar las redes sociales, no me gustan y ya hay libros que nos dan excelentes razones psicológicas, tecnológicas, políticas, sociológicas y filosóficas para evitarlas2. Mi malestar podría encajar en cualquiera de esas categorías, pero quisiera señalar algunos elementos sin hacerlo una tesina de investigación.

En primer lugar esta la falsa idea que somos libres de elegir si usamos o no las redes sociales. No somos libres. Es un poco parecido a la libertad del liberalismo de toda la vida. Podemos elegir voluntariamente no estar en las redes sociales, pero tarde o temprano tendremos la obligación de tener una cuenta en alguna red social, porque queramos o no, todos los demás están ahí. Y cada vez más parece ser necesario para comercios, instituciones y grupos sociales el poseer cuentas en las redes para ser no solo relevante, sino realmente existente. Y es así porque las interacciones sociales son cada vez más dependientes e inmersas en las redes sociales. Se ha creado una necesidad que no existía y ¡ay de aquel que elija no estar en las redes! Si la mayoría de las personas usan las redes, no esperemos que nuestros berrinches filosóficos cambien la situación. Somos libres de elegir el ostracismo y la excomulgación, o somos libres de someternos sin preguntar a la dictadura de las redes sociales.

Una segunda cuestión es que ya no podemos imaginar. No podemos imaginar hablar con alguien sin que estén las redes sociales, ni podemos imaginar como sería lograr un negocio sin 7 íconos que avisen que estamos en linea, ni podemos imaginar una causa social sin #3 al inicio (¿han visto lo ridículo que se ve en una pancarta publicitaria en la calle?). No podemos imaginar como recordar sin publicar fotos, ni como levantar la voz sin publicar un estado; no podemos imaginarnos como sería un mundo sin notificaciones ni chats ni trending topics ni estados. La incapacidad de imaginar un presente sin escape de las redes sociales nos lleva a la incapacidad de un futuro sin ellas. La imaginación está capada y ha sido sustituida por una serie de interacciones y contenidos prefabricados que establecen el horizonte de lo posible para conveniencia de los usuarios y neutraliza lo que solían ser las personas. Quién sabe como hacían las personas 30 años atrás, es impensable.

En tercer lugar parece que cada vez uno es más disfuncional si no puede acoplar a la dinámica de las redes sociales: ni empleo, ni compra-venta, ni difusión de ideas, y en el futuro no es de extrañar que medien los procesos penales, burocráticos y religiosos (¿Dios tendría cuenta verificada?)

Uy, una imagen alegórica que reafirma lo que dice el post. Este blog se vuelve cada vez más elegante.

A este punto podrían decir: «bueno, si no querés usar las redes sociales sólo no lo hagas y ya. ¿Porqué tanto drama por ello? mejor graduate de una vez, ¡chambón!» Y el problema nos devuelve al principio: es porque no somos libres de elegirlo, porque no podemos imaginar un mundo más allá de ello y se vuelve prácticamente inoperante existir sin ello. Tiene puntos a su favor, que serían positivos si no fuese porque se nos ha salido de control su implementación, ya no podemos usar las redes sociales inocentemente, ya no podemos vivir sin ellas, como el cocainómano con su droga. Sólo queda rodar mi barril cuesta arriba y simular que hago algo al escribir esto.

1 OK boomer

2 Hay mucho estudio sobre el daño de las redes, y personalmente recomiendo estos:
* Diez razones para borrar tus redes sociales de inmediato (Jaron Lanier)
* ¿A quién le pertenece el futuro? (también de Jaron Lanier)
* Superficiales. ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes? (Nicholas Carr)
* Social media. A critical introduction (Christian Fuchs)
* Anti-social media. How facebook disconnects us (Siva Vaidhyanathan)

3 hashtags/jachstacs

Fragmentos de pseudo-Lucrecio: II. sobre la filosofía y la vida.

¿Es la filosofía acaso otra forma de poesía?

Tanto así que nos da sólo imágenes posibles

De una realidad incompleta, imagen en sí.

Tanto una metáfora, como la ciencia o la fe

Me siento tentado a señalar las luciérnagas

como luz, como idea, como color; todo junto

¿y qué aparece después, cuando vamos a dormir?

Dos imágenes que se tocaron un instante de Luna.

El sueño es también un poema, mas bien mudo

acaso el acontecimiento que buscamos siempre.

Fragmentos de pseudo-Lucrecio: I. sobre la vida y la filosofía.

Ahora comprendo. Escribo desde una posición que constituye todo lo que lleva mi nombre: comprendo que he de escribir sin la pretensión de un mañana, y que he de leer sin la intención acumulativa. Sin embargo esta es la única forma real de extenderse hasta los límites de mi vida. Y no es lo más importante si realmente se ha alcanzado ese límite, donde se vive en la continuidad de un movimiento , y no en la totalidad estática de una imagen. Me he de limitar a describir algo vivo con palabras muertas, que una vez escritas, o leidas, dejan de vivir. Los pensamientos ya no son imágenes en mi cabeza, son formas móviles que se reconstruyen cada momento, con irrevocable vigor y pertenencia del acontecimiento. La realidad del cuadro llamado “Realidad” se ha desdibujado a cambio de un vector (una magnitud con carga, sentido y dirección), y mi relación con lo demás es ahora de equidistancia (que no es lo mismo que decir con el todo), es la inercia del proceso llamado vida lo que constituye mi única razón para filosofar. Pero esta filosofia muere cuando la pongo en palabras, y lo que lees no es más que un cadáver ya enterrado, que señala donde alguna vez hubo vida, y su lápida incomoda con la inscripción que te incluye como ser viviente también. Ahora comprendo, porque ahora vivo. Y ahora filosofo, porque ahora estoy. Puedo dejar atrás el discurso, usarlo sin sentir culpa, sin sus cadenas de palabras atándome a la representación preconcebida de un mundo que es tan real como el magnífico amanecer en un cuadro que, sin embargo, al caer la noche no produce ninguna luz.