Tanatología mínima

Golpea muy fuerte tarde en la noche, luego de cepillarse los dientes y verte largo rato al espejo: has de morir. De súbito tu corazón se congela y lo comprendes. No tienes a donde huir; no tienes opinión y no puedes cambiar las reglas del juego. Un frío espantoso sube por tu columna y la ansiedad invade tu ser. La angustia disuelve cualquier otra preocupación del día y te instala frente al precipicio. No hay ninguna salida y lo sabes muy bien, el miedo es tanto que empiezas a buscar una salida, pero no la hay. No hay explicación ni lamento ni acto que pueda detenerlo. Sufrirás lo que la lógica de la existencia fija: has de morir.

Te tomas un momento. Sabes que es verdad, le pasó a tus antepasados y le pasará a tus descendientes; le pasará al más insignificante átomo y le pasará al universo (al parecer). La ley de la muerte es la ley de la existencia. No hay explicación ni solución. De pronto sucede algo liberador. Corres a la ventana y ves hacía afuera: la noche engulle a todos y a todo. De pronto los puntos de tus tareas o el prestigio de tu trabajo o las carencias o los sistemas o los libros o las peleas o las diferencias dejan de tener sentido. La epojé no fue una elección.

Desesperado, buscas el calor humano. Te das cuenta que el abrazo y la sonrisa vale más y que siempre resulta lo menos apreciado del día a día, que el tesoro de vivir es experimentar la compañía del otro en el desierto de la noche. El absurdo nos asecha y la mortalidad nos acompaña en cada esquina, la angustia es implícita a cada mirada desatendida y todo lo que supuestamente importa son poco mas que castillos en el aire. El amor, el entendimiento y la comunicación de existencias son lo único que tenemos. Es cierto que no hay antídoto para la muerte, pero hay un mejor camino para llegar a ella; ese camino la rebeldía de vivir: rebelarse contra la banalidad, rebelarse contra la exaltación del orgullo y el egoismo; rebelarse contra la alienación que nos separa del otro, rebelarse contra el absurdo de ignorar la muerte propia y de mi prójimo.

No tenemos realmente nada más. Te das cuenta que la comunidad de seres que conforman la existencia es la unidad y multiplicidad, dicho en palabras sencillas: aquello que miras por la ventana también eres tu y tu eres todo ello, solo es la confusión de la noche lo que nos hace creer que nos debemos distinguir de lo demás.

Es terrorífico existir. Pero también es bellisimo saber que no estamos solos, aun cuando cada uno deba morir. Todo devenir político, estético y ético debe partir de este hecho: que somos seres que han de morir, pero nuestra rebeldía es sonreir junto al otro, compartir con el otro y vivir valorando la vida como una oportunidad de experimentar la unidad del mundo, como una rebeldía contra el destino de toda existencia.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s