Doña Esperanza

Los albañiles se ocuparon toda la mañana sacando parte de las láminas tostadas del techo, las cuales fueron colocando fuera de la casa de doña Esperanza. Otro montículo estaba compuesto por cartas, tarjetas, flores de plástico y tantas cosas más que suelen amontonarse al fondo de los cajones. Los albañiles discutían quien iba a comprar el refresco y los panes; su plática resonaba en la sala ahora vacía de doña Esperanza. Las macetas con plantas marchitas ya no eran importantes para nadie, así que yacían al lado de algunos botes de jalea y encurtido pasado en la entrada, alguien se los llevaría al rato. Parecía que el tiempo había llegado para arrasar todo lo que doña Esperanza atesoraba como inmóvil y eterno. Un huracán llenaba el espacio ahora pulcro de recuerdos, con ruido de martillos, pláticas de albañil, trastos cayendo, crujidos y movimiento de muebles. Ya doña Esperanza no podía detener ese huracán. Mientras tanto, el mundo seguía apresurado en su monotonía.

Mayo, 2019

Abogado

Pobre señor abogado de 57 años, flaco hombre envuelto tristemente en su uniforme de abogado, solapas, tirantes, mangas, pantalón y corbata caqui, uno de los cinco colores aprobados por el colegio de abogados de Honduras. Marcha por la acera vacía nuestro señor abogado, algo calvo, pasos tal vez muy abiertos; moviendo un brazo como delgado remo en el océano de aire, y su traje funciona como vela a razón de contrapeso. Su otro brazo se aferra apenas de un portafolios negro de cuero, testigo de muchos litigios mas bien mediocres. Pero el señor abogado es un buen hombre, si ser abogado se le sustrae por oficio. Separado, tres hijos (dejan constancia bajo palabra que se la pasan “muy ocupados” para una reunión de fin de semana con nuestro abogado), recuerdos de bailes de salón a los 20 años de edad, antes futuros brillantes y ahora noches de espera (no espera nada en específico, sólo espera). En su intimidad se pregunta por una mancha en su testículo, mientras Wong Arévalo asegura que la nación no necesita cambio alguno porque jamás hemos estado tan bien. Si, no puede ser nada malo tener una protuberancia en tu testículo izquierdo. No estaba en sus noches de baile. Señor abogado que sin su traje ya no es señor, ni es abogado; con camisa de tirantes, calzoncillos, calcetas largas (caqui por supuesto, pero un tono mas oscuro), que se ha sentado en su cama tamaño matrimonial de una almohada, mientras mira un noticiario e inspecciona sus genitales que salen por un lado del calzoncillo. El señor abogado ya será mañana, cuando vuelva a caminar por la calle remando con su brazo y aferrándose a su portafolio. Por ahora puede contentarse con ser el viejo patético que espera nada a sus 57 años, sólo, con sus testículos, y que se queda dormido a la luz de la estática.

Marzo, 2019