Fragmentos de pseudo-Lucrecio: I. sobre la vida y la filosofía.

Ahora comprendo. Escribo desde una posición que constituye todo lo que lleva mi nombre: comprendo que he de escribir sin la pretensión de un mañana, y que he de leer sin la intención acumulativa. Sin embargo esta es la única forma real de extenderse hasta los límites de mi vida. Y no es lo más importante si realmente se ha alcanzado ese límite, donde se vive en la continuidad de un movimiento , y no en la totalidad estática de una imagen. Me he de limitar a describir algo vivo con palabras muertas, que una vez escritas, o leidas, dejan de vivir. Los pensamientos ya no son imágenes en mi cabeza, son formas móviles que se reconstruyen cada momento, con irrevocable vigor y pertenencia del acontecimiento. La realidad del cuadro llamado “Realidad” se ha desdibujado a cambio de un vector (una magnitud con carga, sentido y dirección), y mi relación con lo demás es ahora de equidistancia (que no es lo mismo que decir con el todo), es la inercia del proceso llamado vida lo que constituye mi única razón para filosofar. Pero esta filosofia muere cuando la pongo en palabras, y lo que lees no es más que un cadáver ya enterrado, que señala donde alguna vez hubo vida, y su lápida incomoda con la inscripción que te incluye como ser viviente también. Ahora comprendo, porque ahora vivo. Y ahora filosofo, porque ahora estoy. Puedo dejar atrás el discurso, usarlo sin sentir culpa, sin sus cadenas de palabras atándome a la representación preconcebida de un mundo que es tan real como el magnífico amanecer en un cuadro que, sin embargo, al caer la noche no produce ninguna luz.

¿Qué es un «Centro Cultural»?

Fuente: MiN

Cuando hablamos del concepto «centro cultural», estamos planteando una correlación entre comunicación y cultura. Hablamos de una institución, y la pregunta nos sugiere distinguir su origen, función y límites. Surge en los contextos y posibilidades que dieron nacimiento a otras instituciones relacionadas, como el museo, la galería y el cinema. Pero lo que hace especial al centro cultural es la premisa omni-abarcadora que propone a la experiencia del visitante: «en este recinto exponemos cultura»: a diferencia del museo, que expone “alta cultura” condensada en el arte académico o el arte constituido por el discurso del arte académico; y el cine o la galería, que expone “cultura popular” condensada en el arte multimedia, en clave de lo mainstream; el denominado centro cultural tiene una distinción que abarca ambas ideas anteriores, y expandiéndose más allá de la idea de exposición de arte, educación y filosofía, además como verdaderos centros de creación de criterio y de discurso sobre lo que es la cultura.

Esto produce una cuestión de fondo más radical, sabemos que el concepto de «cultura» es tan amplio y problemático que en la filosofía de la cultura resulta muy difícil dar una concepción sin que sea de inmediato lapidada, y que «centro cultural» se vuelve realmente nebuloso en este aspecto. Por tomar una forma provisional diremos que en su acepción más previa «cultura» designa un proceso de cultivo activo, en este caso de la mente humana, y posteriormente designando una configuración o generalización del «espíritu», o hasta el rango de «civilización» (Williams, 1981). Y aquí la palabra “proceso” es importante, pues reconocemos que la cultura es acto, es esa realidad que surge entre el choque del ser humano con la naturaleza por medio de la actividad. Si bien es cierto que la cultura humana parece configurarse como un «universo simbólico» donde «la actividad física cede a la actividad simbólica» como sostiene Cassirer (2018), parece ser que no es meramente un abstracto ideal de imágenes, símbolos y relaciones; sino tiene un carácter material, produciéndose y reproduciéndose en los comportamientos y actos de los individuos y grupos que se identifican con determinadas actividades, ideas, visiones del mundo y formas de expresión emotiva como volitiva; a través de la misma práctica, la transformación de la naturaleza, de la enseñanza de comportamiento de una generación a otra o «endoculturación» (Harris, 2013).

Hecho ese rodeo sobre la cultura, vemos que la noción de «centro cultural» podría enmarcarse en el proceso de endoculturación, a fin de facilitar la difusión, producción y reproducción de ciertas formas de la cultura, cosa que sucede de manera orgánica en todas las instituciones y actividades de la sociedad. La situación en Honduras deviene por lo general en dos aspectos: que la expresión de la cultura es en sumo grado el arte, y que este puede condensarse en muestras representativas al público. La finalidad de ello es poder funcionar como una mirada especular hacia el público como reconocimiento de lo propio: “esta es tu cultura, esto es lo que se hace en tu sociedad y representa éstas características, ideas y símbolos. Esta es nuestra cultura» (esto va en función de otro problema aferrado al de cultura, que es el de identidad, que trabajaré en otro momento). A diferencia de otras instituciones relacionadas, el centro cultural busca establecer la intimidad de sus exposiciones con la sociedad, y busca comunicar una identidad entre lo que se aprecia y experimenta como idea de cultura. Esto es especialmente importante, pues, a la larga, se adjudican el derecho implícito para determinar que puede ser cultura y que no.

Como expone la página del Centro de Arte y Cultura (CAC):

Este centro cultural se enmarca en Lo Esencial de la Reforma Universitaria para promover el ejercicio y el disfrute del arte y la cultura en sus diferentes manifestaciones. Pretende ser impulsor de procesos de transformación de las dinámicas sociales, la recuperación de los espacios públicos y la actividad cultural como elementos fundamentales para el mejoramiento de las condiciones de seguridad y calidad de vida de la población que habita y hace uso del entorno. Con todas estas acciones se estará construyendo ciudadanía para crear una comunidad comprometida con el desarrollo sociocultural local.

fuente: CAC-UNAH

La idea de «Centro cultural» mantenida por la UNAH, por ejemplo, busca una determinada función dentro del proceso de endoculturación, que es la de poner en contacto a la población universitaria con “el arte y la cultura” a fin de formar una ciudadanía (UNAH, 2014). Una pregunta surge en torno a la misma concepción de «cultura hondureña», pues es muy poco claro que es lo que definen por cultura. Así, el centro cultural en Honduras tiene la función de albergar “arte y cultura” con la finalidad de «conformar una identidad y una ciudadanía que aporten al desarrollo del país» (UNAH, 2014). Aquí se llega a un delicado roce entre ideología y cultura. Pues es claro que la demarcación, producción y reproducción de cultura en estos centros está sujeta a una serie de condiciones económicas, sociales y políticas, regida por las relaciones de interés, de mercado, de estatus, de clase, etc. En el centro cultural, como institución no neutral, se puede concebir al arte y la cultura de cara a su valor concreto por parte de los sectores sociales, tanto de sus actores y su público, como menciona Raymond Williams:

Podemos proponer como distinción inicial la siguiente: por un lado, las relaciones variables entre «productores culturales» (un término, si bien abstracto, deliberadamente neutral) e instituciones sociales identificables; por otra parte, las relaciones variables en las que los «productores culturales» han sido organizados son sus formaciones. Esta es una distinción operativa (…) relativa a las relaciones sociales efectivas de la cultura. (…) Pero si deducimos relaciones culturales significativas sólo a partir del estudio de instituciones, correremos el peligro de pasar por alto algunos casos en los cuales la organización cultural no ha sido, en ningún sentido corriente, institucional, y en particular el fenómeno del «movimiento cultural».

Williams (1981, pág. 33)

Si tomamos lo de Williams como un planteamiento válido, pronto veremos que hay una necesidad de utilizar de una manera no-institucional el término de «arte y cultura», y que la pregunta “¿Qué es un centro cultural?” va de la mano con “¿para quién es el centro cultural?”. Con este giro no-institucional y la posibilidad de un centro cultural accesible para los que no se conforman en la dinámica «productor cultural / institución» podemos remitirnos a la función social de la cultura y el arte. Bajo esta visión, podemos determinar que:

el arte es algo social, sobre todo por su oposición a la sociedad, oposición que adquiere sólo cuando se vuelve autónomo. Al cristalizar como algo peculiar en lugar de aceptar las normas sociales existentes y presentarse como algo «socialmente provechoso» está criticando la sociedad por su mera existencia (…) lo asocial del arte es negación determinada de una sociedad determinada. (…) El arte se mantiene en vida gracias a su fuerza de resistencia social, si no se objetiva, se convierte en mercancía. Lo que aporta a la sociedad no es su comunicación con ella, sino algo más mediato, su resistencia.

Adorno (1983, pág. 296)

Si extendemos esa afirmación de Adorno a la visión del centro cultural en Honduras, podemos ver como se desarrolla una idea de cultura «dentro» de la institucionalidad, como arte esencialista y mediato al público, ofrecido por curadores, mantenido para cierta representación limitada; y una cultura «fuera» del recinto, totalmente intrincada, devenir siempre, rizomática; que puede ser arte, pero también trabajo, rito, manualidad, técnica, lengua, crítica por su mera existencia, resistencia a la universalidad de la institución. Este movimiento dual de la cultura es constante lucha, y plantea la necesidad de «centros culturales» más orgánicos que no se limiten a la expresión cerrada del «artista de élites», sino a la experiencia abierta de las mayorías, que no diferencie espacios internos y externos; que su organización apunte a la experiencia democrática de la cultura, donde los individuos y los grupos puedan reconocerse, no como exposiciones estáticas y esenciales, sino como procesos vivos y constantes.

Referencias:

  • Universidad Nacional Autónoma de Honduras (2014). Lo esencial de la reforma universiraria.
  • Adorno, Theodor (1983). Teoría estética.
  • Williams, Raymond (1981). Sociología de la comunicación y el arte.
  • Harris, Marvin (2013). Antropología cultural.
  • Cassirer, Ernst (2018). Antropología filosófica.