Consideraciones sobre la creación y mantenimiento de una huerta en relación a un cuento de Katherine Mansfield que nunca terminé de leer

El mayor secreto para completar correctamente la creación de una huerta reside en la perseverancia: desde limpiar el terreno, preparar el compost, aprender la fecha correcta de siembra, manejar la religiosa medida de tiempo para riega, como someterse a la inexorable marcha de las estaciones, la interminable batalla contra las plagas, las épocas de siembra y el cambio de climas. De niño siempre había soñado con una huerta. Siempre he vivido en la ciudad, pero en algunas ocasiones visité a familiares en el campo, y el gran campo sembrado por mis tíos en Comayagua simplemente me alucinaba. Claro que no sabía en que consistía el Malathion 75 EC, Nobact 77 WP o el Biozime FT o que tendría que sembrar cuatro tipos de planta para garantizar el correcto florecimiento y reproducción; pero el niño imagina la responsabilidad como un juego y e ignora la seriedad de la horticultura como forma de sustento serio.

La idea de un espacio lleno de plantas me embrujó en mi adolescencia, y en una ocasión escuché a un anarquista convencido que hablaba sobre el auto-sustento y la auto-gestión de su huerta comunitaria en las terrazas de su casa okupa, toda una tendencia en la lucha anti-capitalista y anti-imperialista (además de anti-especista y todos los demás anti- que suelen lucir orgullosos los anarquistas, como medallas militares en sus uniformes imaginarios). De pronto me vi envuelto en «una interpretación ideológica y contra-hegemónica de la teoría del huerto urbano» como una clave de «la lucha contra el consumismo y el capital» y un claro «ejercicio de auto-gestión libertaria» Los huertistas políticamente comprometidos han de conocer además de los rudimentos sobre los ciclos del tomate y la importancia de las hierbas aromáticas contra las plagas como la cochinilla acanalada, la oruga y la araña roja; además de todo eso debe conocer las posibilidades revolucionarias de sembrar berenjenas con el método de escalones.

En mi segundo año de universidad logré completar mi huerta libertaria entre la que se habían inmiscuido algunas plantas de cannabis sativa. Julio me había regalado unas semillas de lo que el denominaba «gud shit» y que me aseguraba poder cosechar producto con excelente resina dada las condiciones que había notado entre mis cultivos de Bak Choi y la albahaca. Demás está decir que tuve que investigar un nuevo tipo de huerta: la huerta esotérica. Aprendí (de manera recreacional) algunas técnicas para cultivar (de forma recreacional) dos variedades de cannabis (para uso justificadamente recreacional). Julio fue expulsado ese mismo año por trafico de estupefacientes recreacionales ilegales y pronto olvidé la huerta esotérica por actividades más académicas de cultivación artesanal de subsistencia controlada.

Por esas fechas cursaba una clase donde tuvimos que leer a Katherine Mansfield. Uno de sus cuentos me inspiró a realizar el último paso: un huerto con flores y arboles frutales: «Llueve. Grandes gotas que salpican blandamente las gotas y las mejillas. Goterones cálidos como estrellas derretidas. ¡Rosas! ¡Lirios! ¡Violetas!, grazna la vieja bruja en el arroyo». De forma que me mudé a medio camino en Santa Lucía, a cuarenta minutos de la capital. «¡cuánto había esperado aquel momento!» Con poco más de veinticinco años comencé a realizar surcos en la tierra más bien pobre y escasa de potasio, con grandes terrones y pedruscos que herían las herramientas y mis manos. Aquí comprendí que las bellas tierras cultivadas de mi tío Ernesto y mi tía Rosa no habían surgido por la efímera visión de un sueño, por los principios ideológicos de una teoría poco factible o por las meditaciones esotéricas de THC, sino por la brutalidad de la lucha entre el humano y la tierra; entre la complicidad interminable del sudor en mi frente y el suelo sediento. Aún espero por las estampas primaverales en los arboles sembrados y podados cada estación, en las cuatro matas de bananas que atraen al hongo fusarium oxyporum raza 4 tropical, en la pestilencia que deviene fertilidad de la fosa de compost, y en la dificultad de conseguir semillas de zuchini no-GMO «¡lirios, rosas, bonitas violetas! gorjeaba la vieja bruja en el momento de tropezar con otro carretillo».

Mayo 31, 2020.

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