Consideraciones sobre la creación y mantenimiento de una huerta en relación a un cuento de Katherine Mansfield que nunca terminé de leer

El mayor secreto para completar correctamente la creación de una huerta reside en la perseverancia: desde limpiar el terreno, preparar el compost, aprender la fecha correcta de siembra, manejar la religiosa medida de tiempo para riega, como someterse a la inexorable marcha de las estaciones, la interminable batalla contra las plagas, las épocas de siembra y el cambio de climas. De niño siempre había soñado con una huerta. Siempre he vivido en la ciudad, pero en algunas ocasiones visité a familiares en el campo, y el gran campo sembrado por mis tíos en Comayagua simplemente me alucinaba. Claro que no sabía en que consistía el Malathion 75 EC, Nobact 77 WP o el Biozime FT o que tendría que sembrar cuatro tipos de planta para garantizar el correcto florecimiento y reproducción; pero el niño imagina la responsabilidad como un juego y e ignora la seriedad de la horticultura como forma de sustento serio.

La idea de un espacio lleno de plantas me embrujó en mi adolescencia, y en una ocasión escuché a un anarquista convencido que hablaba sobre el auto-sustento y la auto-gestión de su huerta comunitaria en las terrazas de su casa okupa, toda una tendencia en la lucha anti-capitalista y anti-imperialista (además de anti-especista y todos los demás anti- que suelen lucir orgullosos los anarquistas, como medallas militares en sus uniformes imaginarios). De pronto me vi envuelto en «una interpretación ideológica y contra-hegemónica de la teoría del huerto urbano» como una clave de «la lucha contra el consumismo y el capital» y un claro «ejercicio de auto-gestión libertaria» Los huertistas políticamente comprometidos han de conocer además de los rudimentos sobre los ciclos del tomate y la importancia de las hierbas aromáticas contra las plagas como la cochinilla acanalada, la oruga y la araña roja; además de todo eso debe conocer las posibilidades revolucionarias de sembrar berenjenas con el método de escalones.

En mi segundo año de universidad logré completar mi huerta libertaria entre la que se habían inmiscuido algunas plantas de cannabis sativa. Julio me había regalado unas semillas de lo que el denominaba «gud shit» y que me aseguraba poder cosechar producto con excelente resina dada las condiciones que había notado entre mis cultivos de Bak Choi y la albahaca. Demás está decir que tuve que investigar un nuevo tipo de huerta: la huerta esotérica. Aprendí (de manera recreacional) algunas técnicas para cultivar (de forma recreacional) dos variedades de cannabis (para uso justificadamente recreacional). Julio fue expulsado ese mismo año por trafico de estupefacientes recreacionales ilegales y pronto olvidé la huerta esotérica por actividades más académicas de cultivación artesanal de subsistencia controlada.

Por esas fechas cursaba una clase donde tuvimos que leer a Katherine Mansfield. Uno de sus cuentos me inspiró a realizar el último paso: un huerto con flores y arboles frutales: «Llueve. Grandes gotas que salpican blandamente las gotas y las mejillas. Goterones cálidos como estrellas derretidas. ¡Rosas! ¡Lirios! ¡Violetas!, grazna la vieja bruja en el arroyo». De forma que me mudé a medio camino en Santa Lucía, a cuarenta minutos de la capital. «¡cuánto había esperado aquel momento!» Con poco más de veinticinco años comencé a realizar surcos en la tierra más bien pobre y escasa de potasio, con grandes terrones y pedruscos que herían las herramientas y mis manos. Aquí comprendí que las bellas tierras cultivadas de mi tío Ernesto y mi tía Rosa no habían surgido por la efímera visión de un sueño, por los principios ideológicos de una teoría poco factible o por las meditaciones esotéricas de THC, sino por la brutalidad de la lucha entre el humano y la tierra; entre la complicidad interminable del sudor en mi frente y el suelo sediento. Aún espero por las estampas primaverales en los arboles sembrados y podados cada estación, en las cuatro matas de bananas que atraen al hongo fusarium oxyporum raza 4 tropical, en la pestilencia que deviene fertilidad de la fosa de compost, y en la dificultad de conseguir semillas de zuchini no-GMO «¡lirios, rosas, bonitas violetas! gorjeaba la vieja bruja en el momento de tropezar con otro carretillo».

Mayo 31, 2020.

El problema de la sobreabundancia de libros

Hay un curioso texto de José Ortega y Gasset llamado “la misión del bibliotecario”, discurso pronunciado en 1935; la ocasión: un congreso de bibliotecarios en Francia. El tema: el quehacer del bibliotecario. Contra toda intuición que nos haga pensar en un texto poco interesante o de un congreso realmente aburrido; la reflexión de Ortega me resulta muy valiosa y digna de lectura; como filósofo, ahonda más allá de lo obvio y resalta el tema de la elección de un camino de vida para cada hombre y mujer. En cada instante de la vida, el ser humano «se encuentra ante diversas posibilidades de hacer, de ser». Ante esta perplejidad de la elección de la vida es que se desea una profesión, una realización, porque «la vida es ante todo un quehacer». Continúa señalando que este quehacer ha movido al ser humano «a inventar y crear para facilitarse la vida, todo eso que llamamos cultura y civilización», cosas que sin embargo «llega un momento en que se revuelven contra él» mismo ser humano. Este es el caso del libro, tema que deseo tratar en este pequeño ensayo.

El libro es una de las mayores invenciones humanas: es capaz de transmitir la cultura de manera que registre las ideas, las técnicas y los hechos; siendo útil para otros y para futuras generaciones. Sin dudas es algo indispensable, y según Ortega «este simple carácter de imprescindible hace qué nos sintamos esclavizados por ello». Y el libro también se revela como creación contra su creador en la sobreabundancia:

hay demasiados libros. Aún reduciendo sobremanera el número de temas a que cada hombre dedica su atención, la cantidad de libros que necesita injerir es tan enorme que rebosa los límites de su tiempo y de su capacidad de asimilación. La mera orientación en la bibliografía de un asunto representa hoy para cada autor un esfuerzo considerable que gasta en pura pérdida. Pero una vez hecho este esfuerzo se encuentra con que no puede leer todo lo que debería leer. Esto le lleva a leer deprisa, a leer mal, y además, le deja con una impresión de impotencia y fracaso, a la poste de escepticismo hacia su propia obra.

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Ortega también señala que esta ingente cantidad de libros (y de información en general) corresponde a una función social del libro, que la sociedad contemporánea ha encontrado en ello. Debo añadir lo sostenido por Jean Baudrillard: estamos en una etapa donde la información, los libros, las noticias, el entretenimiento y la cultura en general son objetos de producción capitalista. Esto en sí es material para otro análisis que sólo mencionaré en este ensayo. Restringiré nuevamente la idea al ámbito de los libros: hoy en día la exigencia de producción de libros y recursos es tan ilimitada y de beneficio que en muchos casos se confeccionan «falsos libros» como dice Ortega. A esto se añade que la sobre-especialización en cada área requiere una bibliografía que no hace más que crecer. Como menciona Ortega: «En muchos órdenes intelectuales pasa esto de continúo: que en el “dar por supuesto y por sabido” lo esencial, lo sustantivo, procedemos al infinito. Es ello una de las mayores enfermedades del pensamiento, sobre todo del contemporáneo».

Todos nos hemos hallado en esta situación: una investigación lleva más tiempo recopilando, investigando fuentes, captando textos; y una vez hecho, nos percatamos que apenas tenemos tiempo para leer, apresurados cumplimos con el plazo y nos deja ese sabor amargo de una tarea fútil. En el camino sólo nos informamos superficialmente y nos da la falsa sensación de saber que estamos hablando. Y peor aún, el verdadero trabajo de leer, reflexionar, meditar y comprender para transformar la realidad queda de lado por la imperante necesidad de la producción ad infinitum. la sobreabundancia de libros se traduce en problemas de comprensión, superficialidad, soberbia, poca originalidad y en última instancia a una esclavitud y una ignorancia más sutil.

¿Qué hacer? Para ello hay que reconocer un dicho de economistas: los recursos son limitados, y hay que saber como administrarlos. No pretendo señalar algo nuevo, y podríamos recurrir a muchas fórmulas sobre esto. Pero si algo es claro, es que nuestro tiempo es limitado, nuestra atención es preciosa como el oro, y no podemos abarcarlo todo. Como seres humanos estamos condenados a tomar decisiones que nos lleven a la apertura más favorable de nuestras posibilidades. Debemos enfrentar el hecho que tenemos que elegir que leer: esto es ineludible si nos dedicamos al trabajo con los libros. La tendencia general es que «más es mejor», se nos exige inflar nuestras palabras con avalanchas de bibliografía y pocas veces se puede apreciar el trabajo de análisis, comprensión y crítica, que en última instancia se supone la educación debe forjar. Pero la sobre-especialización de los temas, el mercado académico, la saturación de medios, de productos culturales y las infinitas listas de libros por leer nos esclavizan y nos terminan llevando a la muerte. Leemos más y más, hay «booklovers», más libros que nunca en la historia, y sin embargo resulta cada vez menos la capacidad de pensar:

Hoy se lee demasiado: la comodidad de poder recibir con poco o ningún esfuerzo innumerables ideas almacenadas en los libros y periódicos, va acostumbrando al hombre, ha acostumbrado al hombre medio, a no pensar por su cuenta y a no repensar lo que lee, única manera de hacerlo verdaderamente suyo. Éste es el carácter más grave, más radicalmente negativo del libro

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Y las pegunta que se llegan son: ¿y entonces, qué debo leer?, ¿cuánto debo leer?, ¿cómo puedo elegir que libros son valiosos sin leerlos primero?, ¿tenemos qué leer siquiera? Aquí surge algo que mencionamos al principio: la vida es siempre un quehacer. y en el sentido más alto, este quehacer tiene que ver con la forma de vida que deseamos, no se trata de consumir esto o aquello, sino, cómo podemos elegir aquello que nos adicione una mejor manera de vivir. La lectura debe tenerse como un ejercicio espiritual, en el cual se conjugan atención, reflexión, meditación, juicio y praxis. No podemos dedicarnos así si leemos 100 libros anualmente, creándonos la falsa idea que sabemos más por leer más. Alguna vez escuché de un profesor que es mejor profundizar en un par de libros y llegar a apropiarnos de su contenido, que tener noticia de cien libros de manera superficial. En el exceso de posibilidades se naufraga y se pierde toda ancla de sentido. Cada uno debe hallar formas no esclavizantes de interactuar con los libros, donde la vida prime sobre la producción, para que «en vez de estudiar para vivir va a tener que vivir para estudiar»

Referencias

  • Ortega y Gasset, Jose. Obras Completas, tomo V. “La misión del bibliotecario” (1935). España: Revista de Occidente.

La vida y la filosofía

Hay cosas que se vuelven urgentes. La vida es el acontecimiento por excelencia, Vida, en eterno retorno y actualizándose cada vez de manera única en la diferencia de cada retorno, en cada ser, es la vida la que se vuelve urgente por sobre el discurso. ¿Y que estoy diciendo, sino un discurso? Es claro que mis palabras no son construcción de discurso sino su rechazo, porque no es tanto lo que digo sino el hecho poder decirlo lo que reivindica la vida. También tenemos claro que no se filosofa sin antes vivir, ni se habla sin antes vivir. Pero no hay nada antes de vivir, por lo que es base para el filosofar y el hablar. El que filosofa debe vivir primero, y esto es algo mas que decir “la filosofía se hace a partir de hombres y mujeres concretos”, sólo aquellos que lo han vivido lo comprenderán. Y aquí está el equívoco: todos deben comprender, a su modo y posibilidad, de lo que estoy hablando; pero algo que es claro es que filosofar es un modo especial de vivir. No quiero que se me entienda como un moralizador o un místico, porque no es mi intención, sólo digo que quien vive es también capaz de filosofar. En ese sentido la filosofía es una biografía que escribimos con la mano del cosmos, o mejor aún, una biografía de un «yo», sino de la vida en uno de sus muchos retornos.

Entonces, ¿de que hablamos cuando hablamos de filosofía en la Academia? Ciertamente de un equívoco a mi juicio. La doxografía no es filosofía, pues la relación con la lectura es una de formación propia, de comunicación y diálogo, cosa que tristemente uno es incapaz de experimentar en la mayoría de los cursos,y esto no es por causa de los profesores, en gran medida es como nosotros nos acercamos a la filosofía. Corremos el riesgo de tener muchos eruditos, comentaristas, doxógrafos pero no de filósofos. Así, como plantea Hadot: “el principal problema que se plantea al filósofo se trata fundamentalmente de saber lo que es filosofar“, nos enteramos que es un acto, un verbo, que manifiesta movimiento y más específico una forma de vivir. Para ello debe existir un deseo, una absoluta afinidad a la vida, pues considero que filosofar es dejarse asombrar por lo extraño que es existir, y filosofar es un deseo por vivir en última instancia. Ese deseo es el que debe generarse al abrir un libro, al oír una pieza musical, al ver las estrellas, al calcular una ecuación, al mirar los ojos sinceros, al pensar filosóficamente, al laborar efectivamente, al buscar un mejor mundo, al luchar por la vida misma. Esto lo logran los filósofos y filósofas al traducir sus vidas en palabras, que no buscan ser obedecidas, sino ser incitaciones al deseo, invitaciones a la amistad. El deseo es siempre anhelo por el acontecimiento, advenimiento del devenir, y por ello es fundamental para que se expanda la vida y con ella el filosofar.

Y al final llegamos como al inicio. Aquí me encuentro como alguien que existe, desea y vive. Es la urgencia de expresar todo lo que he dicho hasta ahora, no más que una biografía, que se ha expandido en la típica fórmula “yo amo la sabiduría”, pues no cuesta entrever los elementos que expresa y ya he mencionado: de la mano de amigos y amigas he aprendido éste modo curioso de vida llamado filosofía, y cuando menos me lo he esperado, he descubierto que lo importante en “amor a la sabiduría” no es la sabiduría, pues ésta resplandece en si, sino el amor, pues el lo que nace en mi, y me mueve hacia la sabiduría. Al final he comprendido que el deseo, la sabiduría y la vida se conjugan en el amor, amar a una persona, que al final es una vida también; amar la sabiduría, que al final es amistad; amar el universo, que al final es unidad.

Hábito

La monja cruzó con mucha habilidad la calle hasta la acera opuesta. Su hábito gris cruzado con una tira blanca cubría su cabeza; simulaba el ondular de cabello al menor movimiento (cabello que, por supuesto, permaneció oculto como muestra de su penitencia amorosa a Cristo). Con sandalias humildes, compradas en alguna tienda especializada en piedad cristiana y hechas por humildes manos de mujeres no tan piadosas en China, le aseguraron pasos que la pusieran a salvo de los automóviles. Los designios del Señor son misteriosos y ese día no le apetecía ningún inconveniente divino, a veces el Señor todopoderoso elige las peores situaciones para sus designios. La monja apuró su marcha mientras las borlas blancas de su lazo a la cadera golpeaban su vientre consagrado como un tambor silencioso. A su diestra, una bolsa de carga, típica en la mayoria de los compradores en este país, humilde hasta el tuétano. Es noviembre y por primera vez en años hace un buen clima para vestir hábito. Cruzó la calle, apuró cada pie hasta ponerse en la acera; y luego de ver su reloj, acomodó las gafas y apretó la bolsa de mercado entre sus manos, tenía la costumbres de guardar todo el dinero ahí por razones insondables. ¿Será que los asaltantes de ésta era (por demás impía) respetarán a una mujer casada con Cristo? Como fuere, la fe de la monja no cubría posibilidades tan mundanas. 


Noviembre 13, 2019

Sobre la posmodernidad en Latinoamérica

Considero que una cuestión que ha hecho no inútil -sino obsoleto- el discurso liberacionista es el cambio en la realidad latinoamericana; la convulsión socio-económica de hoy, a pesar que no ha cambiado de esencia, ha cambiado de naturaleza como de supuestos geopoliticos1. Creo que es imposible hablar de los supuestos socialistas en el nuevo contexto; y ese es el problema que sufre el liberacionismo, no puede  sostenerse pues critica un modo de existencia y se basa en supuestos que el tiempo ha derrumbado2.

Por otro lado, la mayoría de los supuestos fundamentales “posmodernos3” (etiqueta que se usa para abusar conceptualmente de forma onanista, ya sea a favor o en contra de cualquier discurso – y digo enserio cualquier discurso -) son en realidad emanaciones del estado tardío en la producción de ideas que, tras la caída de Praga, del fiasco del 68 a nivel mundial – no subió la imaginación al poder, sino la multicoloridad del capitalismo identitario – y de la Nomenclatura soviética en los 60s, surge un nuevo modo de producción y dominación en las naciones post-industriales: la información. Por ello el giro linguistico, el estructuralismo y el post-estructuralismo como nuevas formas de análisis que se separan de los presupuestos que en latinoamérica llamamos “teología/filosofía de la liberación”4 . Esta nueva etapa de capitalismo ya está soportada ideológicamente por el drama del consumo de información, de medios masivos y de la hiperrealidad del móvil, de Netflix y de la sobreestimulación de información que todos sufrimos.

Ahora, en cuanto a latinoamérica, la realidad material e intelectual se vió por primera vez emergiendo de su dependencia a una teoría que explicase su estado en aquel entonces “actual”. Ya no se habló del proletariado, sino del pobre. Este discurso del oprimido, del dependiente y del esclavo es general a todo lugar colonizado; y por ello constituyó un momento intelectual propio como nunca antes. Sorpresa, luego de su debut, poco pudo aportar que no fuera convertido en foquismo, esencialismo o Dussel. Si, Dussel. Hoy día podemos ver a un Guitierrez, un Boff, un Dussel enfrentándose a una realidad Plural y reclamando que todo ello ya estaba en latinoamerica. Mi pregunta es ¿Realmente estaban los supuestos posmodernos en latinoamerica? Hinkelammert en su crítica de las razones utópicas destripaba todas las ideologías que se hacían lugar como la “ideología latinoamericana” y nace el amanecer de la crítica LA. El nuevo horizonte es el de la culturalidad, dejando de lado los ya pasados análisis materiales. pero ¿Realmente hay posmodernidad? Ya Gustavo Bueno menciona que la “modernidad” española fue Franco, Ortega y Gasset y el guernica; esto en tono hirónico5, y hace reflexionar si nuestra modernidad fueron el Che, Somoza, los estados enclave, Camilo Torres, el martirio de Monseñor Romero, El ALCA, Tlatelolco, Eduardo Becerra, Las islas Malvinas, Victor Jara muriendo en el Estadio nacional, El boom latinoamericano y la captura de Noriega. ¿Realmente lo que vivimos hoy es posmoderno? ¿Alguna vez fuimos modernos?6

Notas

1 Si se me permite usar como alegoría la repulsiva terminología platónico-aristotélica. Como menciona el autor, la caída del socialismo como poder contra-hegemónico a principios de los 90s y el total desarrollo del neoliberalismo como doctrina económica ha hecho precisamente una mutación en el capitalismo global; hoy bajo la pandemia del covid-19 podemos ver sin mantos ideológicos como funciona en nuestro país.

2 Los ingenuos supuestos de una virtuosidad y una fe puras en los estratos más bajos y oprimidos puede sonar muy romántica pero inviable como base moral de movimientos revolucionaros o teológicos; hoy en día debemos enfrentarnos a una clase oprimida totalmente cínica después de las dictaduras militares y las absurdas deudas del FMI, la corrupción y la escalada de la violencia criminal, la sistemática y la económica.

3Es de notar que la mayoría de lo que llamamos posmoderno no es producto de una realidad superadora de la modernidad, sino su radicalización o su subversión.

4Foucault es irónicamente el mayor anti-marxista y plantea sus primeros escritos pos-estructuralistas como una alternativa al análisis marxista de la realidad, Lyotard que al inicio critica al capitalismo por no tener ideología que le fundamente, para terminar fundamentando a la posmodernidad como ideología ilimitada del capitalismo hacia una teleología transhumana (o antihumana), O Popper que al quedarse sin capacidad conceptual para hacer frente al análisis del materialismo histórico, ataca la raíz misma de la fuente historicista en sus obras políticas, que son tan pobres como su epistemología y su realismo ingenuo, al estilo Sokal y Bricmont.

5 Hirónico: neologismo que designa una ironía ya sea producida en hispanoamérica, o en castellano. No tiene ningún estatus epistémico más allá de los juegos de palabras de Julio Cortázar.

6 Parafraseando a Bruno Latour, tristemente célebre por asegurar que Ramsés II no pudo morir de tuberculosis, pues el bacilo que lo produce fue descubierto hasta 1882. Mi referencia es clara: ¿existe acaso la necesidad de anacronismo histórico al hablar de un posmodernismo latinoaméricano o una crítica a ello, sin siquiera haber descubierto que periodo y sintomatología vivimos como región?

Cronología I

1999. Don Manuel Aguirrez fundaba su primer taller en un terreno rematado, una bodega de 300v2, predispuesta luego que un huracán y una retro-excavadora limpiaran de manera conveniente el terreno de casas pobres. 1989. Doña Amalia salía para mojar el patio de tierra frente a su casa. Su marido, don Esteban, habia sido militar y gracias a un favor durante la junta militar de los años 60s habia podido acceder a un terreno decente para construir su casa. “El reclutamiento obligatorio habia servido de algo” se decia. Don Manuel Aguirrez moría asesinado en la salida a Comayagua un 30 de noviembre de 2023, luego de haber engendrado 5 hijos y 14 nietos. Causa: rivales en sus negocios clandestinos. Doña Amalia llamaba a las gallinas de su patio para darles maicillo. En 1998 moría en el derrumbe de su vivienda, soterrada por lodo y basura que la crecida del agua provocaba. 1969. Don esteban tenía 21 años y era soldado raso, enviado al Bolsón de Lepaterique para abastecer al 15to. batallón con munición y alimentos. No pudo llegar a su destino por el bombardeo salvadoreño, y encontró a sus camaradas en huida. Una bodega de importaciones automotrices y ocasionalmente productos no marcados en aduana. Don Manuel Izaguirre, oriundo de La paz, 1964, entre cafetales. Ella pedía a Dios que Don Esteban dejara la bebida, se quedó en su casa, 1998, en pleno huracán. Señora de 57 años, en lista de desaparecidos.

11 de noviembre, 2019

La sombra en el baño

El 23 de Marzo la sombra apareció en el baño. Es normal que la luz del foco incandescente se refleje en las baldosas con pequeños detalles marinos, haciendo una extraña refracción de interés en los momentos de uso del inodoro. Un baño de estilo occidental, bien ubicado, con respetable espacio, una cómoda para toallas y enseres de baño, sobre ella unos cuantos adornos de tipo oriental; con un lavabo Villeroy & Boch, un inodoro American Standard Deluxe, una ducha Grohe con tres niveles de temperatura controlable in situ. Hacia ya tiempo que la pareja gustaba de utilizar candelas aromáticas para adornar su baño (entre canela, vainilla, nuez moscada, lavanda), las puertas del baño, de vidrio templado y pulcro. Ahí, en ese baño excepcionalmente común para la zona residencial en que se hallaba, junto a una habitación de pareja y con una cómoda ventana posterior que dejaba entrar bellas ráfagas de luz solar o lunar dependiendo del horario; en aquel baño es que la sombra apareció. Digo “aparecer” en el sentido que fue un 23 de marzo que alguien – la mujer que terminaba de lavar sus manos luego de hacer sus necesidades – pudo ver una pastosa forma totalmente hecha de oscuridad moverse de manera sinusoidal desde la puerta de vidrio prístino hasta la esquina opuesta, donde la ropa sucia parecía estar en un derrumbe permanente dentro de la cesta. Ella (la mujer) sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal, al tiempo que sus ojos tuvieron ese reflejo nervioso que les hace girar inmediatamente hacia la anomalía cualquiera. Sus manos se tensaron debajo del chorro de agua a temperatura controlada que salía del grifo, al tiempo que un espasmo le hizo torcer su cuerpo hacia la salida. Muy rápida para ver algo, muy clara para haberle imaginado; ella (la sombra) había desaparecido, al cabo que la mujer extrañada llamaba a su pareja con la misma fuerza que salía al pasillo para encontrarle.

– He visto una sombra moverse en el baño – dijo la mujer moviendo sus manos desde su posición neutral a su rostro. – Le he visto, no quiero volver a ese baño.

Sin embargo el hábito y la costumbre hace que las personas tomen el mismo camino al trabajo, elijan cierta marca de panecillos, y que pronto olvidemos las sombras que saltan de las duchas a las esquinas de la ropa sucia.

– He visto de nuevo a Lita. – Últimamente no ha dejado verse, ¿crees qué ya no nos aprecie?

– Tal vez no le hizo gracia el nuevo adorno del Buda que pusimos en la cómoda. No va con su oscuridad.

– Amor, ¿crees qué debamos comprar esa nueva vela aromática olor frambuesa?

abril 15, 2020.

Breve historia de las cortinas I

Poco se habla de un objeto muy importante de nuestra realidad como son las cortinas. Existen prácticamente desde que inventamos el pudor, la decencia y la privacidad; diría que en importancia se equipara a revolucionarias invenciones como el cuchillo, el fuego o la rueda. Sin la cortina no podríamos cubrir nuestra desnudez frente a una ventana, ni ocultar nuestros actos de corrupción una vez llegamos a ser funcionarios del gobierno,ni en sueños se tendría una habitación dividida, un sustituto de puerta, grandes ventanas sin sol; no tendríamos religión civilizada (Dios se escondía tras una cortina del tabernáculo).1

Las cortinas están infravaloradas,o lo que es lo mismo; nos acostumbramos tanto a ellas que pasan desapercibidas, como el hecho mismo de vivir. Eso es lo único que justifica una disertación no lineal sobre un trozo de tela suspendido cuya función es de separar, diferenciar, cubrir2. No sé si constituye un objeto de investigación, pero si existen piezas inútiles como «La noción de existencia no perceptible y no diferenciada en Husserl» o «hacia una disertación sobre la analítica del absoluto en Schelling»3, mi absurda arqueología sobre las cortinas tiene todo el derecho, valor y provecho de existir. Como buen académico (que rima muy bien con anémico) he pensado dividir la historia de las cortinas en los siguientes estratos:

  • Lo evidente
  • El tabernáculo
  • La invención de la vergüenza
  • El estado escondido
  • La Aletheia
  • Lo invisible

Sin más, deseo decir una cosa antes que corra la cortina que me devuelve al anonimato y al silencio: lávense las manos con agua y jabón, no salgan de casa y no crean en la dictadura que vivimos.

Notas:
1Qṓḏeš HaQŏḏāšîm o Sanctosanctorúm. ¿Será posible una teología de la cortina?
2Lleva igualmente implícita las nociones de juntar, reconocer y develar.
3No soy un intelectual, y para mi suerte, carezco de las capacidades o inteligencia para sumergirme en tan obtusas y onanistas discusiones.


foto: Étienne-Jules Marey, Walking Man, chronophotography, 1884